Llevo algún tiempo con un tema a vueltas.  Se me ha ocurrido que escribirlo y compartirlo era una buena idea. Lo que me anda rondando es el cómo nos vamos formando, cómo nos vamos haciendo, poco a poco, momento a momento desde que somos cachorros humanos.

 

Las personitas nacemos indefensas, eso significa que sin los cuidados necesarios los primeros años, estaríamos en peligro de morir. Pero no sólo son cuidados físicos y de manutención, sino que necesitamos también ir organizándonos emocionalmente y psíquicamente para poder adaptarnos a nuestro entorno. Es aquí donde entra y cobra toda importancia la forma en que se nos aportan esos cuidados, ya que esa forma es  lo que determinará la estructura de ese sistema emocional e incluso anatómico. Esa forma nos la dará nuestro soporte primario, nuestro contenedor (la madre o la figura de apego que haga las funciones de maternaje). Si ese contenedor es muy rígido, tomaremos forma rígida, y si es muy laxo nos desparramaremos. Lo ideal sería un soporte duro pero lo suficientemente flexible  como para dejarnos movernos sin dejarnos ir, como cuando cogemos algo que apreciamos mucho, con el tono muscular necesario para mantenerlo entre nuestros dedos o manos sin que se caiga a la vez que sin apretarlo demasiado para no romperlo. Esto nos da estructura, nos hace tener imagen corporal, nos ayuda a ir haciéndonos porque hay un otro que nos contiene sin asfixiar o por el contrario, sin dejar que perdamos nuestra propia forma.

Hace unas décadas, cuando un bebé nacía, se le cuidaba muy diferente a ahora. Por supuesto no había guarderías porque no eran necesarias ya que la madre no trabajaba, y si lo hacía dejaba de hacerlo al tener los hijos. En todo caso podrían ser los abuelos los que cubrían la ausencia de la madre. Hoy es muy distinta la cosa, ya que las madres y los padres trabajan muchas horas fuera de casa y las abuelas/os ¡también!. Incluso no es raro verlas en cursos o tai-chi, cuando no están de cena con los amigos/as o viajando. En un contexto así, los bebés, desde muy pronto son "carne" de guarderías y jardines de infancia, mientras la familia trabaja y para que la familia trabaje. Ese soporte básico y contenedor del bebé se amplía. Los bebés pasan mucho tiempo con otras personas. Son cogidos, acunados, mecidos, transportados, mirados, cuidados por muchas manos, las de los cuidadores/as del jardín de infancia, abuelas/os, tíos/as, amigos/as, cursos de natación... en fin, dependiendo del día y de lo atareado que uno esté, dejamos a los niños aquí o allá. Con todo ello el bebé está muy expuesto y tantas diferentes maneras a su alrededor no hacen más que dificultarle su capacidad de hacer previsible su mundo, su rutina y la consecuencia es que su capacidad de autorregularse se ve muy afectada. ¿Cómo descubrirá que cuándo siente tal cosa es sueño o que cuándo siente tal otra es hambre o sed o frío o necesidad de llorar? ¿Cómo ir reconociéndose entre tantas manos que tienen su propio código, su propio idioma? Si hay muchos contenedores distintos, uno se termina perdiendo entre tantas referencias, por ello cuando esta función de contenedor y soporte básico no es clara o es frágil o está muy repartida entre muchas personas, a diferencia de lo que se pueda pensar que el niño se va a espabilar, lo que sucede es angustia y ansiedad que sólo pueden aliviarse mediante la acción y el movimiento. Hoy en día la etiqueta para esto es la de TDAH y el tratamiento suele ser farmacológico.

Esto es una invitación a los padres y madres a que se pregunten cómo es la relación  con sus hijos e hijas, cómo y cuánto es su estar con ellos; a que los miren de forma que ellos se sientan mirados, a que los traten de forma que ellos se sientan aceptados, a que los acojan de forma que ellos se sientan contenidos, a que los escuchen de forma que ellos se sientan escuchados, a que les apoyen sin empujarles, les animen sin obligarles, les guíen dejándoles solos pero estando cerca, etc. En resumidas cuentas a que de alguna manera encontremos como madres y padres nuestra forma de estar ahí para ayudar a nuestros hijos/as a que encuentren su propia manera, su modo, es decir a servirles de molde donde apoyarse para ser ellos, con su estilo propio. Es una invitación para recuperar ese instinto, porque recuperándolo, encontraremos la manera de parar esa inercia social de ponernos enseguida a trabajar, y de querer que nuestra vida no cambie por tener hijos.

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